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El futuro del gas en Perú: lecciones de la crisis en Bolivia

El futuro del gas en Perú: lecciones de la crisis en Bolivia El futuro del gas en Perú: lecciones de la crisis en Bolivia

La posibilidad de que Perú enfrente una crisis de gas se ve reflejada en la experiencia reciente de Bolivia, que pasó de ser un importante exportador a convertirse en importador del recurso. A medida que la producción de gas bulle en ambos países, surgen interrogantes sobre la autosuficiencia energética de Perú.

Durante casi dos décadas, los peruanos han dado por sentado el suministro constante de gas, encendiendo estufas y pagando tarifas bajas. Sin embargo, Bolivia, que ha sido una fuente crucial de gas en Sudamérica, está a punto de depender de importaciones, un cambio significativo que se debe a la falta de inversiones en exploración y desarrollo de nuevos campos.

La Cámara Boliviana de Hidrocarburos y Energía ha pronosticado que entre 2028 y 2030, Bolivia dejará de ser autosuficiente en gas, con una caída notable en la producción de 60,8 millones de metros cúbicos diarios en 2014 a solamente 27 millones actualmente. Esta disminución se atribuye a una falta de inversión en nuevos yacimientos, resultando en campos agotados.

Perú, por su parte, depende casi en su totalidad de un solo yacimiento: Camisea, que representa el 96% del gas consumido en hogares y aproximadamente el 70% del gas utilizado en balones. Las proyecciones indican que las reservas de Camisea podrían agotarse alrededor de 2040, y el gas destinado a la exportación tiene un plazo aún más corto.

En marzo de este año, un corte en el gasoducto administrado por Transportadora de Gas del Perú (TGP) llevó a la ración del suministro y a la paralización de exportaciones, lo que el Ministerio de Energía y Minas calificó como la crisis energética más grave en dos décadas. Este incidente subraya que incluso una falla menor puede causar un impacto profundo en todo el país.

Desde 2014 no se han perforado nuevos pozos en los lotes 88 y 56 de Camisea, con el último intento en 2016 resultando en un fracaso. La reciente inversión de US$ 100 millones por parte de Pluspetrol no busca descubrir nuevas reservas, sino mantener la producción existente.

Para poner en producción un nuevo pozo, generalmente se requieren al menos diez años. Con un margen real de solo tres a cinco años para emprender nuevos proyectos, la necesidad de actuar se vuelve urgente y crítica.

Si Perú no inicia nuevos proyectos de exploración, podría enfrentar un futuro similar al de Bolivia: incrementos en los precios del gas, cortes de suministro y dependencia de importaciones. Este desafío será especialmente relevante en 2028, cuando venza el contrato de exportación del Lote 56, y el nuevo gobierno deberá decidir entre priorizar el mercado interno o cumplir compromisos externos.

En comparación con Bolivia, Perú todavía tiene tiempo para actuar. La autosuficiencia energética requiere inversiones proactivas en exploración, y las decisiones que se tomen hoy influirán en si se cuenta con gas propio en el futuro o se debe recurrir a importaciones.

Fuente: www.infobae.com

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